El cuerpo necesita sus horaria, sus rutinas.

Algunos listillos dicen que no, (qué atrevida es la ignorancia y qué soberbia la prepotencia) pero el sol, la luna, las mareas y las presiones, así como mil y un aspectos más de la naturaleza, nos afectan enormemente en nuestro limitado cuerpo humano.

El nombre de “jet lag” no se quien lo inventó, pero queda chulo.

Es como la protesta de tu cuerpo a cambios bruscos de biorritmos. Y como los aviones van tan rápidos, no le da tiempo a adaptarse.

Yo tengo la suerte que no me afecta mucho a nivel de sentirme mal durante el día, como sé que le pasa a tanta gente, pero sí que hasta que pillo los horarios de sueño voy un poco descolocada.

Así que ayer os dejé sin newsletter a las 20:37 h (pobrecitos vosotros, cuantos habéis sufrido, ¿¿a que si??! 😅), porque el día, “lunes + lunes tras un mes fuera”, fue de órdago, no me dio para preparar ni escribir nada con tiempo para programarlo, y a las 20 h estaba ya en el mundo de Morfeo cual morsa dormilona pegada como con velcro a una roca calentita al sol del mediodía …

Imagínatelo, pero en versión Hellen en su cama. Menos mal del cambio de hora, que si no hubiera sido, como la morsa, ¡¡aún de día!!

10 h después, de tirón, a las 6 am aún no había amanecido y ya he empezado a volver al mundo de los vivos.

Sigo bostezando, pero voy a empezar a ponerme en marcha, que al menos ayer pude ir al súper y tengo para tomarme un cafecito.

Este mail contadlo como de ayer, aunque sea hoy.

Son las cosas del jet lag.

Hasta a los más viajados nos pasan, como para creernos que somos independientes y soberanos al mundo en el que vivimos.

JA


Hasta aquí, hoy
Hellen / Kivuca 
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¡Epa! Ya que has llegado hasta el final… 💪.

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